Bueno aquí una de las nuevas secciones que nacen en el Blog y es gracias a Olga Salar que puedo ponerla en marcha ya que ha sido la primera que ha aceptado mi propuesta.

Leemos el primer capitulo pretende ser una sección donde podamos encontrar el primer capitulo de las novelas que van a publicarse (Ojalá tenga la oportunidad de publicar alguno en primicia) o recientemente publicadas.

En esta sección podréis encontrar tres preguntitas para conocer un poco mas la historia y por supuesto... ¡El primer capitulo! Así que sin más dilación, empezamos con la sección.

El primer libro del que vamos a hablar en Leemos el primer capitulo es Una cita pendiente de Olga Salar del que podéis leer la reseña que hice aquí.
Y antes de leer el primer capitulo os dejo unas tres preguntitas breves que Olga ha contestado sobre Una cita pendiente y lo unas pistas para su lectura ;)

¿Porque llamarla una cita pendiente?
     ❥Porque es lo que mueve la historia, una cita que nunca llegó a darse… 
        Una historia pendiente entre dos personas que temen demasiado al amor.

 ❤¿Porque Lisboa?
     ❥Fernando Pessoa siempre ha sido uno de mis poetas favoritos, y cuando comencé Una cita pendiente y busqué una ciudad que pudiera competir con Roma, me vino Lisboa a la mente, si había inspirado tan maravillosos poemas debía de ser por algo, así que la escogí. 

Y... 10 cosas indispensables que saber sobre Alberto y Alba
     ❥1. Alberto huele a Armani.
     ❥2. La tortuga de Alba se llama Sherlock porque Alba es una friki fan de Jonny Lee Miller
     ❥3. Alberto es hijo único.
     ❥4. Alba tuvo pesadillas durante sus primeros días en Novia Feliz en las que no podía salir corriendo por culpa de los tacones de aguja de quince centímetros que llevaba puestos.
     ❥5. Alba no ha vuelto a probar el tequila.
     ❥6. Tal y como prometió Alberto, las fotos de perfil de Alba en Facebook y Twitter son muy artísticas.
     ❥7. Finalmente Alberto se ha asociado con Toni participando en el primer corto de este último.
     ❥8. Alba lleva tatuada una tortuga en el omóplato izquierdo.
     ❥9. Alberto ha entrado en nómina en Novia Feliz, aunque el nombre todavía le siga pareciendo horrible.
     ❥10. La boda no fue en Lisboa.

Y sin mas dilación, os dejo ya con el primer capitulo de Una cita pendiente de Olga Salar

Capítulo 1
No es que fuera algo evidente. Seguramente si Alba no hubiese estado tan pendiente de Alberto no se hubiese dado cuenta del sutil gesto de sufrimiento en que se contrajo su atractivo rostro cuando Ariadna dio a Daniel el sí quiero.
Pero lo había estado observando con detalle: sus rasgos, sus gestos, sus ojos, tan expresivos y vivaces, que hacían que sus piernas se negaran a sostenerla… No obstante, sobre todas las cualidades que matizaban su atractivo, estaba ese perfume que había embotado su cabeza cuando se había acercado a saludarla, amable, con una sonrisa triste pero auténtica en los labios.
Y es que su aroma la había convertido en un charco en el suelo, completamente derretida por el magnetismo y la bondad que emergía del poderoso cuerpo masculino que tenía a su lado, una mezcla difícil de resistir, si se tenía en cuenta todas las miradas interesadas que conseguía a su paso y de las que él parecía no darse cuenta.
Después de que Mónica les presentara oficialmente, descubrió que además de tremendamente atractivo era absolutamente encantador, el tipo de hombre al que era imposible resistirse si él se lo proponía. A pesar del tiempo transcurrido entre el cruce casual en Novia Feliz y ese segundo encuentro en la boda de Daniel, Alba todavía recordaba el instante preciso en que se topó con él camino del ascensor en las oficinas de la revista. Le impactó de tal manera que en esos momentos se preguntó quién era y de qué le sonaba, su cara.
Esa misma tarde, atragantándose con su excesiva timidez, se atrevió a preguntarle a Daniel por él, descubriendo así su identidad.
En cualquier caso fue Google y su infinita sabiduría, quién la puso al día de cualquier ínfimo detalle sobre su vida.
—¿Quieres hablar de ello o prefieres que nos emborrachemos? —preguntó Alba en voz baja, sin apartar la vista de la ceremonia que estaba a punto de finalizar.
Lanzarle la pregunta le había costado una taquicardia y diez minutos de control de la respiración.
Notó cómo Alberto daba un respingo, como si hubiera olvidado su presencia, y se giraba para observarla, completamente desconcertado al darse cuenta de su propia reacción.
—Creo que me quedo con la segunda opción, pero solo si bebes conmigo —contestó ganándose con ello la simpatía eterna de la secretaria.
—No suelo beber, pero me parece justo.
—En ese caso elige tú el tipo de bebida —ofreció con una sonrisa amable.
—Tequila —respondió sin pensar.
Él rió por lo bajo para no molestar a los demás invitados a la ceremonia.
—Siempre me ha parecido una bebida con mucho estilo —se defendió ella, en el mismo tono de voz.
—Tienes razón —concedió—, es perfecta para esta noche.


Dos horas después estaban sentados en un banco en una calle cualquiera de Roma, discutiendo acaloradamente sobre si esta era o no la ciudad más romántica del mundo.
Mientras Alba aseguraba que era la ciudad del romance era Roma, Alberto arrugaba el ceño y se reía por su candidez.
—No puedes decir que Roma es la ciudad más romántica del mundo basándote en las experiencias de otras personas —le reprochó Alberto medio en broma, medio en serio con la mirada perdida en el mechón dorado que se había escapado de su recogido y que cubría parcialmente sus ojos.
—¿Y no es eso exactamente lo que tú haces para alegar que no lo es? —preguntó Alba que había dejado abandonada su timidez en el salón de ceremonias del Hotel Imperial, tras varios chupitos de tequila, y unos cuantos roces casuales, o no tanto.
—Para nada. Yo hablo desde el conocimiento. Tú lo haces desde una idea ajena   al romanticismo. He estado en Roma y he estado en Lisboa, y Lisboa gana por goleada.
Sin poder sujetar durante más tiempo el deseo de comprobar cuán suave era su cabello, alargó el brazo y tomó entre sus dedos el mechón rebelde que le tenía hipnotizado. Realmente era tan suave como parecía, la idea de comprobar si su piel también lo sería invadió su mente inesperadamente.
Alba era preciosa, y tan dulce… ¿Sabrían sus labios del mismo modo? No estaba lo suficientemente bebido, decidió cuando su cuerpo reaccionó a la idea de saborearla. Lentamente acercó el pulgar de su mano derecha a sus labios y los acarició con los ojos brillantes y la boca entreabierta.
Alba contuvo la respiración, y no la soltó hasta que su cabello estuvo perfectamente colocado en su sitio.
—Puede que tengas razón —concedió al final.
Antes de responder, Alberto apuró el tequila de su vaso y lo rellenó  de nuevo. Alba rió al ver como arrugaba la nariz al sentir el amargor de la bebida.
—¿Puede que tenga razón? Te aseguro que la tengo y te lo voy a demostrar.
—¿Y cómo vas a hacerlo? Si puede saberse… —preguntó con curiosidad.
—Muy fácil. Vamos a ir a Lisboa juntos, y en cuanto pongas un pie en la ciudad te vas a convencer de que tengo razón. No hay nada más romántico que un fado, un viejo tranvía y el crepúsculo invadiendo la ciudad —le dijo, acercando su cara peligrosamente a la de ella. Sus ojos brillaban mezcla de la excitación provocada por la idea, y por el alcohol ingerido. Alba cerró los suyos y sintió el aliento de Alberto aliento cerca de su mejilla.
—No bebas más. Está empezando a afectarte —bromeó.
—Tenemos que ir, nos lo debemos. Después de esta noche es imprescindible que lo hagamos.
—¿Nosotros? —Se obligó a preguntar, para volver a activar su mente.
—Sí.
—¿Tú y yo? —dijo para asegurarse de que había comprendido correctamente.
—Tú y yo suele ser nosotros. Así que sí. Tú y yo.
—Sí, eso pensaba. —La cercanía de Alberto y la oferta, estaban haciendo estragos en su templanza.
—¿Cuántos días de vacaciones te ha dado Daniel? —Parecía impaciente por saberlo.
—Ocho días a partir de mañana —le dijo con la mirada clavada en sus ojos negros, que conseguían que sintiera la boca seca y las manos sudorosas.
—Perfecto. Mañana me voy a Berlín, tengo una sesión que no puedo posponer. Pero te veo dentro de tres días en Lisboa, en Casa de Linhares a las diez de la noche. Escucharemos un fado y descubrirás por ti misma que tengo razón.
—Eso es una locura, ¿y si no nos encontramos? ¡No sé nada de portugués!
—Nos encontraremos, y hacerlo aumentará el romanticismo de la noche. No puedes faltar… Pienso demostrarte que Roma no tiene comparación con Lisboa.
—No comprendo el idioma —volvió a repetir.
—Es muy fácil. Además, tienes tres días para estudiar lo básico. Realmente me gustaría mucho enseñarte la ciudad. Confía en mí —pidió.
—De acuerdo. Allí estaré. Pero dudo que cambie de opinión respecto a Roma.
—Lo harás —musitó acercándose varios centímetros más.
—No apuestes por ello.
—Eres tan dulce...
Alba sonrió con timidez.
 —Lo digo en serio —replicó al comprender que no le creía—. Puede que esté un poco mareado, pero todavía sé lo que digo.
—Gracias. Pero no me conoces, así que no cuenta.
—Te conozco, sé que el rojo te sienta de maravilla —dijo haciendo referencia al color del vestido largo hasta los pies que lucía—. También sé que eres una romántica empedernida, y antes de que me preguntes porqué, te confesaré que he visto cómo te secabas las lágrimas cuando Daniel ha levantado en brazos a Ariadna y se la ha llevado.
Alba sonrió feliz al entender que Alberto la había estado observando.
—Además he descubierto que no te gusta el champagne y que cuando bebes tequila arrugas la nariz como un ratoncito. Podría seguir, pero creo que ya he demostrado que te conozco.
—Supongo que un poco sí —aceptó con una sonrisa.
—En ese caso, permíteme que lo repita. Eres muy, muy dulce. —Sus labios casi rozaron los de ella mientras hablaba. Su voz había bajado tres octavas y era apenas un susurro.
—Gracias, otra vez. —Aceptó el cumplido con una sonrisa, mientras esperaba un beso…
Pero este no llegó. Alberto cerró los ojos con fuerza, se apartó y dio un largo trago de su vaso, al tiempo que la magia que se había iniciado bajo el cielo azul medianoche de Roma desaparecía.
No obstante, Alba no estaba dispuesta a marcharse sin su beso…

            Lisboa, el día de la cita…
            Alba se quedó parada en el umbral, admirando el edificio renacentista que tenía ante ella: techos abovedados e imponentes columnas de piedra. Al menos de momento Lisboa iba en cabeza.
            Un camarero se acercó a ella con una amplia sonrisa de bienvenida:
            —Boa noite, senhorita. Bem-vindo à Casa de Linhares. Gostaria de uma mesa? [1]—ofreció el camarero.
            — Sim, por favor —dijo en su recién estrenado portugués.
            Alba le siguió hasta la mesa mientras Ana Moura cantaba un precioso fado sobre la espera, el destino y la soledad:
Quer o destino que eu não creia no destino
E o meu fado é nem ter fado nenhum
Cantá-lo bem sem sequer o ter sentido
Senti-lo como ninguém, mas não ter sentido algum
Ai que tristeza, esta minha alegria
Ai que alegria, esta tão grande tristeza
Esperar que um dia
eu não espere mais um dia
por aquele que nunca vem
e aqui esteve presente[2]
—O que será necessário?
            —Estoy esperando a una persona —explicó mirando su reloj de pulsera. Las diez y cinco, todavía era pronto para preocuparse, se dijo.
            —Então, de volta, em seguida —anunció el camarero con amabilidad.
            Alba se sentó, pero no podía permanecer quieta, se estrujó las manos, taconeó el suelo con sus preciosos zapatos rojos comprados para la ocasión, y estiró sobre sus rodillas en sensual vestido negro que llevaba, pero era tan corto que apenas le cubría medio muslo.
            En ningún momento despegó la mirada de la puerta, expectante y nerviosa por verlo atravesarla y sentarse a su lado. Lo poco que había visto de Lisboa la empujaba a darle la razón, sin duda era una ciudad llena de encanto y romanticismo, la misma música que estaba escuchando era suficiente prueba de ello. Sin contar con que la cita en sí, llena de misterio y de casualidades, era un ingrediente más para que Lisboa se hiciera con el premio.
            Tres cuartos de hora después, el mismo camarero que la había acompañado a la mesa, le llevó una copa de vino sin que se la hubiese pedido.
            Apartó la mirada de la puerta y la posó en sus ojos verdosos y comprensivos, los suyos interrogantes:
            —Es Oporto e invita la casa, por ser a mulher mais bonita do local —le dijo con una sonrisa comprensiva y exenta de lástima, algo que agradeció.
—Muchas gracias.
É um tolo[3] —anunció el camarero.
Alba sabía lo suficiente de portugués, después de pasarse los tres últimos días devorando la bibliografía completa de Fernando Pessoa y sus heterónimos, para entender lo que quería decir el hombre.
No, pensó, la tonta he sido yo.




[1]             En Portugués: buenas noches, señorita. Bienvenida a Casa de Linhares. ¿Quiere una mesa?
[2]             Ana Moura, Desfado
[3]             Es un tonto.

Todos los derechos de la Obra Olga Salar & Ediciones Versatil

Antes de marcharme agradecer a Olga Salar de nuevo la colaboración para hacer esta primera entrada posible.
¿Que os ha parecido la nueva sección?
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