Bueno pues lettres en esta ocasión os traigo una sección muy especial y está conformada por artículos que varios autores que vendrán a hablar de varios temas. 

Para inaugurar esta sección, la primera en participar es Lola P. Nieva autora en alza dentro del panorama nacional y ya consolidada después de sus publicaciones nos viene a hablar de un tema muy interesante. Así pues, ahora os dejo con Lola y su articulo.
Lo primero, agradecer que hayas pensado en mí, para colaborar con esta sección, todo un honor.

He pensado mucho qué tema elegir respecto a la romántica. Es un tema delicado el que he elegido, lo sé, pero creo que se debe ir al meollo del problema pero no para atacarlo, ni para señalarlo con enojo o resentimiento, sino para intentar desgreñarlo y mostrar sus consecuencias, pero sin más, simplemente para que cada cuál sea consciente de sus actos.
Me he decidido a hablar de la piratería, una práctica que crece quizá por la crisis, por la ausencia de libros en algunos países, quizá por costumbre, o quién sabe, quizá por esa sensación de traviesa satisfacción al disfrutar de algo que no se ha pagado. No lo sé, y no importan las razones a mi modo de ver. Lo único que importa realmente son las consecuencias.
Y son esas consecuencias las que deseo exponer hoy aquí.
¿Alguna vez se ha pensado que ocurre si un autor que nos gusta es pirateado? ¿Ya no sólo a nivel profesional, sino a nivel personal?
Es fácil adivinar que si un autor no vende dejan de publicarlo, con lo cuál desaparece del mercado. Quizá esa gente que piratea crea que da igual, porque posiblemente el autor se autopublique y puedan seguir disfrutándolo, pero no es así. Porque si descubrimos que nadie valora nuestro trabajo, que prefieren invertir ese dinero, que en formato digital no supone un dispendio, en cualquier otro capricho,  la magia se apaga. Porque eso ofrecemos, magia, la posibilidad de vivir mil vidas y conocer mil mundos, de sentir mil emociones y disfrutar mil aventuras. Y yo os pregunto…¿Acaso eso no se valora? ¿Poder evadirse momentáneamente de la rutina, de los problemas, del dolor incluso? Creamos un mundo, intangible sí, pero un mundo al fin y al cabo, donde vivir lo que dure la historia. Creciendo emocionalmente y aprendiendo en algunos casos, datos y vivencias que desconocíamos. Leer enriquece el alma, y para mí, al menos, es una necesidad tan primaria como otra.
¿Y qué pasa cuando la magia se apaga, porque pensamos que no llega a nadie? Pues languidecen las musas, se enluta la ilusión y perece la pasión. Eso sucede. Y entonces, ese autor que antaño escribía su viaje con la esperanza de compartirlo, se siente abandonado en su camino y deja de crear. Y la magia muere como muere su nombre y su obra. Y en un mundo, a menudo sórdido y gris, donde la tecnología nos arrebata poco a poco la humanidad, donde las redes alejan a los de cerca y acerca a los de lejos, donde nos bombardean diariamente nuestros dirigentes para convertirnos en una masa de ovejas obedientes y asustadas. Yo creo que necesitamos magia. Magia para poder pensar por nosotros mismos, para poder decidir qué mundo vivir y como hacerlo, para impregnarnos de conocimiento y reflexiones diferentes, para empatizar,  sentir y escuchar nuestro a corazón sin que nadie nos diga cómo.
Creo firmemente que un hombre culto es libre, y creo que nada hay más hermoso que la libertad. Hay un cita de Ricardo León que viene muy a cuento…y dice así…”Los libros me enseñaron a pensar y el pensamiento me hizo libre”
En tal caso, ¿merece la pena ahorrarnos unas monedas, que seguramente malgastamos en algo más vacuo, en detrimento de ese mundo que espera ser descubierto?
Esto no es un crítica, ni siquiera un reproche, tampoco una queja, es simplemente una reflexión. Dicen que el mundo no cambiará sólo porque uno lo desee, pero sin ese uno, no hay ni esperanza de cambio.
¿Cambiamos el mundo?
Sin magia, dudo que sea posible.
 Lola P. Nieva
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Bueno pues hasta aquí lettres, la reflexión de Lola sobre este pequeño tema un tanto en la actualidad en el mundo de la romántica y en el de la literatura en general.
¿Y vosotros que pensáis sobre el asunto?
¿Valoramos la magia?